Del Barro al Hogar
Comentario acerca de la obra “Huasi lulay” del pintor Josué Sánchez.
«[…] Sánchez no es un pintor “naif”, es un pintor informado que se nutre conscientemente de la cultura de su pueblo.»
Por: Julio Zúñiga Pastor.
Recuerdo que unos meses atrás tenía una cita con un profesor y algunos compañeros de estudio en una exposición de arte en el Centro Cultural Ccori Wasi de la Universidad Ricardo Palma. Asistí como obligado, sin saber ni siquiera el título de la muestra. Al llegar a la entrada del centro cultural, me encontré con un preparativo por la ‘revisión de las tradiciones de Palma’ realizado por un grupo de estudiosos palmistas, los cuales casi entorpecían la buena visión de las pinturas colgadas en los muros. A pesar de la poca iluminación, las obras lograron captar mi atención [1]. Es cuando, con cierto entusiasmo, solicito el catálogo de la exposición [2]; cuya crítica hacia el artista, escueta, pero alentadora, logra encaminarme hacia el aura de las obras expuestas.

detalle de personajes centrales.
foto por: robert laime.
Mientras paseo por los tres ambientes que ocupa la muestra, voy divisando colores y figuras bidimensionales. Ya casi al finalizar el recorrido encuentro en la sala central una pintura cuyo título, Huasi lulay [3], y distribución, casi familiar a primera vista, llama sorprendentemente mi atención. Luego de un recorrido visual más atento, Huasi lulay atrapa mi entusiasmo por completo. En ese preciso momento empieza a resurgir un suave, pero vivaz recuerdo de mi infancia, el cual me traslada al Wasihuasi —fiesta realizada después de la zafa del levantamiento de la casa, la cual se practica en muchos pueblos del ande peruano. A esta fiesta asisten, sin falta, el compadre, padrino, ahijado, vecino o allegados del dueño de la nueva casa—. Pero me adelanto. Esta es una ceremonia que posee un orden que amerita seguir y contar tal como es.
La tierra para el cultivo es sagrada, además, posee otras cualidades que solteros o casados buscan cuidadosamente. Esta vez, esa tierra servirá para construir los cimientos de un hogar. Por ello, la combinación promedio entre arcilla, arena, tierra de cultivo y el Icho (planta gramínea de las punas) es importante para la fabricación del adobe. El adobe, elemento fundamental de la arquitectura andina, y la piedra conforman la materia elemental de la construcción. La creación de esta mezcla —de adobe y piedra— requiere cuidados desde el momento de su fabricación hasta su colocación en la pared de la casa. El icho es traído desde las frías alturas, donde la combinación del clima y el suelo le dan fuerza, fortaleza y resistencia para ser un componente esencial del adobe. El baile descalzo de las doncellas y mancebos, los maestros de obra batiendo el icho con barro, la tierra, y el agua forman la siguiente etapa del proceso de fabricación del elemento base para la construcción de la casa andina.

personajes extrayendo el barro para elaborar el adobe.
foto por: robert laime,

mujeres danzando sobre el adobe.
foto por: robert laime.
En la pintura del maestro Josué Sánchez podemos ver una descripción detallada de todo el proceso de construcción de una casa en los andes: desde la preparación del adobe hasta la colocación de la cruz en la cumbre.
No quiero dar una descripción monótona y repetir lo que, con toda claridad, la obra expresa por sí sola. El cuadro es una síntesis de los pasos, elementos, concepciones, personajes y saberes que giran en torno a la arquitectura familiar de los andes peruanos. Por ello, sígueme en un pequeño viaje a través del tiempo y espacio. Juntos conoceremos —por dentro y por fuera— la casa donde los habitantes comparten exquisitos y suculentos platos, con una atmósfera de cariño, con el toque preciso de humildad. Lo que hará de nuestro recorrido un viaje mágico.

personaje elaborando el adobe a base de moldes.
foto por: robert laime.

personaje juntando los bloques de adobe listos para la construcción.
foto por: robert laime.
Empezamos cuando el adobe está listo (barro mezclado con icho o paja). Bien comidos, los vecinos, las chicheras, los músicos y los minkayuq [4] inician con entusiasmo. El sol apenas asoma sus primeros rayos. Unos adoberos cargan en su espalda grandes piezas de barro; su fuerza y fortaleza es innegable. Es evidente que en la minka nadie muestra debilidad o flaqueza. Los atinados mezcladores de barro e icho abastecen, con exactitud, a los maestros encargados. Los más jóvenes son los entusiastas encargados del agua para el challay [5]. Seguidamente, el maestro coloca adobe sobre el barro en la pared. Mientras tanto, las doncellas traen chicha y la comparten con todos. Los participantes apenas se dan tiempo para dar un sorbo, no porque tuvieran poco tiempo, sino por la competencia: perder implica poner los tragos.

personaje realizando un trazo con un cordel.
foto por: robert laime.

sacrificio de la llama como ofrenda al apu.
foto por: robert laime.
Una vez que se trazó el suelo con un cordel comienza a hacerse la zanja. Como es tradición, los Apus [6] exigen una retribución por sus tierras: es por ello que se sacrifica a una llama. Antes de enterrar vivo al animal —ofrenda para el Apu—, se la alimenta con follaje y hierbas; luego, se la coloca en lo más profundo de la zanja y se la cubre con piedras; enseguida, se levanta una pared sobre ella. Entre tanto, los más experimentados y conocedores de la arquitectura, los maestros, que pueden variar en número, son los encargados de la colocación del adobe en el muro. Ellos son los ingenieros de la construcción, solucionan cualquier problema técnico; por otro lado, el dueño de la casa es el arquitecto que diseña la configuración de su futuro hogar.
Así esta labor no es labor. Como toda actividad del hombre andino, esta también es una celebración, un acto de confraternidad, un recuerdo constante de que los hombres somos hermanos; por esta razón, la minka es siempre comunal. Solo hay dos justificaciones para no participar: muerte o una grave enfermedad. Además, esta fiesta comunal no solo es minka, sino también ayni dentro de la minka. Ayni [7] porque los comuneros estarán presentes cuando los recién casados necesiten construir un hogar. Si se es soltero será un ayni a futuro. Cuando la construcción está por más de la mitad, un grupo trae los maderos que formarán las vigas y los armazones. Una característica interesante es la manera cómo distribuyen y aligeran el peso del tronco. En la espalda llevan una lliklla (8) llena de hojas que sirven para amortiguar el peso. Cuatro personas son suficientes para transportar un tronco durante media hora de camino. Si se transportase el tronco de manera normal se necesitaría de diez personas.

personajes llevando un tronco que servirá de viga o armazón para la casa.
foto por: robert laime.
En el último día de la construcción, los compadres —atentos y partícipes del levantamiento de la casa— asisten llevando su respectiva cruz, la cual tiene adornos de flores, cintas de peruanidad y media libra de caña. No solo los compadres participan, sino también los ahijados y padrinos.

los compadres llevando la cruz.
foto por: robert laime.
Dos prácticas muy importantes que los llaqtamasiycuna [9] no pueden dejar de realizar son el honor y la presencia social. Esta práctica se mide por la cantidad de ahijados que se tiene o por el número de compadres que visitan el Wasihuasi. En esta fiesta participan todos los comuneros. Todos los ayllus se hacen presentes con hermosos regalos, que en el fondo, es otra forma de ayni. En un futuro cercano, estos presentes serán devueltos en un acto de reciprocidad. No son como los qawarunas [10] —hombres barbudos— que festejan al inicio de una obra (primera piedra que a veces no se termina). Por el contrario, en la comunidad la celebración es al finalizar. El turno es para la comadre, quien sube al techo en honor a la reciprocidad. Mientras tanto, el maestro está a punto de colocar la última fila de tejas [11]. Luego debe entregar la cruz de metal con una fecha soldada en ella. El maestro coloca la ‘cruz’, perforando tres tejas para que resistan los vientos y lluvias. Continúa el segundo compadre y los ahijados con el mismo acto. Qué imponente se ve la casa nueva con cruces coloridas en fila sobre la cumbrera. Cada cruz rememora el número de ayni y también, sutilmente, expresa que los habitantes son queridos en proporción directa a la cantidad de dichas ‘cruces’.

el maestro colocará la cruz en el techo de la casa.
foto por: robert laime.
La casa es reciente, será por ello que en el piso hay pedazos de barro, humedad y algunos hilos de icho. Justamente sobre estos escombros de la construcción se inicia el Wasihuasi, baile de celebración. Los esposos, apenas se zafó la casa, se casan por la mañana, y qué mejor estreno y júbilo que con el baile sobre el suelo nuevo, el cual invita, indirectamente, a los asistentes a la temporal pista de baile. Previamente, los maestros nivelaron los montículos, solo faltaría reafirmar el suelo; por ello, todos los participantes, incluso las cocineras, bailan con alegría. Los maqtas [12] sirven aqa, cañazu [13], platillos de lechón, ponche, patasca y misquipas [14] que le dan el toque familiar. Confianza y fraternidad se reflejan en el rostro de los comensales, algunos afectados por el poder de las bebidas; otros, saciados hasta el hartazgo. Para los menores que no pudieron venir al Wasihuasi, por cuidar animales en sus casas, se prepara el chani [15] (comida para llevar).

la fiesta.
foto por: robert laime.
Para la mañana siguiente, el suelo ya está firme como el de una casa de años, firme como la piedra. Muchos de los vecinos y compadres se han retirado por la madrugada, otros se quedaron. Con los que todavía quedan se realiza el umaqampi [16] o cura de resaca. El domingo se comparte un banquete. En la mesa, infaltables, el lechón y el caldo de cabeza. Con los últimos, mejor dicho, con los que resistieron la noche anterior, se comparte la mesa. Así finaliza una celebración —cuyo inicio con la preparación del adobe hasta la colocación de la última teja— que duró un promedio de dos a tres meses.
El cuadro del maestro Josué Sánchez nos habla de esa etapa de la vida del poblador andino. Se expresa elocuentemente, pero a la vez sintético. Su delineado hace una obra bidimensionalmente colorida y atractiva a la percepción visual. A primera vista, pareciera que no nos dice nada, pero al detenernos —desde sus colores y líneas decoradas con hojas y flores— renace una historia. El orden de la historia es armónico, pero no secuencial. Crea alegría en nuestros corazones, lo que dota a esta historia, al mismo tiempo, de misticismo y nostalgia. Con un poco de imaginación, podemos ver en el cuadro muchos elementos como la dualidad representada por el sol y la luna, así como el sincretismo arquitectónico entre la iglesia y las casas. Armonía entre la naturaleza, hombre, arquitectura y los apus. Donde predominan los colores vivos como una característica que refleja su variedad cultural. Hay personajes como el chichero que hace largos viajes, como se aprecia en el centro derecho del cuadro. De este cuadro se puede hablar mucho más, para ello se requerirá de una profunda investigación abordada desde diferentes disciplinas.

iglesia.
foto por: robert laime.
Notas:
[1] Este texto no pretende ser tanto una nota informativa o descriptiva, sino una creación basada en un testimonio vivencial, una creación que tiene sustento en la realidad que conocemos y recordamos y, que se relaciona con la obra de Josué Sánchez.
[2] Escrita por Alfonso Castrillón Vizcarra en el catálogo de la exposición. “Dioses y hombres de los andes”. Galería de Artes Visuales Ccori Wasi de la Universidad Ricardo Palma. Del 3 al 30 de octubre de 2014. Miraflores, Lima.
[3] Literal de construir una casa en otras regiones del centro sur peruano, se dice Wasi ruray.
[4] Refiere al encargado de la minka, es alguien que por llevarse a cabo el trabajo en su propiedad tiene que demostrar ejemplo de fortaleza y resistencia.
[5] Refiere al proceso de mojar al adobe levemente para que pueda unirse al barro.
[6] Refiere a las montañas tutelares o considerados dioses.
[7] Sistema de trabajo heredado de los incas que consiste en la reciprocidad de uno a otro.
[8] Manta de regulares dimensiones 120 x 120 cm. aprox.
[9] Literal de ‘conciudadanos o compueblanos’.
[10] Literal de “hombres de afuera”, referido que no son de tal o cual región. En este caso los españoles y/o amazónicos.
[11] Las tejas a veces son donados por los compadres que adquieren del tejero que suele ser algún vecino especializado en dicha materia.
[12] Mancebos entusiastas.
[13] Refiere el primero, Aqa a la chicha de qora y el segundo, al licor preparado en base a caña de azúcar.
[14] Patasca o Patasqa en otras regiones como Apurímac se dice Patachi; refiere literalmente a lo que se está reventado pero en este caso al mote reventado en la sopa. De allí su generalización al propio plato. Mientras Miskipa refiere a los dulces o bocados.
[15] Comida que por costumbre convidan como excedente por los encargados de la festividad a los visitantes para que lleven a sus casas. En su mayoría es realizada por las mujeres.
[16] Literal de “cura de cabeza” que por costumbre se practica después de cualquier celebración.