Santiago Manuin por siempre

fuente: foto de el peruano.

Aproximación al uso del término “artista” en los medios a propósito del fallecimiento de Eusebio “Chato” Grados, por Max De La Rosa

“Estas pautas nos señalan el desprecio, el rechazo, la nula consideración a los derechos laborales y culturales y la afrenta a la dignidad de quienes consideran inferiores y diferentes al punto de consignarlos en una subcultura”.

Publicado: 2020-05-25

Por: Max De La Rosa

Historiador del Arte con estudios en Derecho.

El 16 de mayo del presente año falleció Eusebio “Chato” Grados Robles por paro cardiorrespiratorio. De inmediato, los medios de comunicación informaron el funesto hecho por medios escritos, radiales, televisivos y redes sociales.

Lo que llamó mi atención fue el uso del lenguaje al referirse al difunto. Por un lado, TVPerú lo denominó artista; el Diario Oficial El Peruano, también lo llamó artista, al tiempo que el medio escrito resaltaba su aporte al huaylarsh: la inclusión de “saltos y movimientos de cintura”, lo cual en un principio fue rechazado debido a que el baile era más ceremonioso entre pareja, según indicó Luz Elena Romero, promotora del folclore peruano.

En esta misma línea, el Ministerio de Cultura, por una red social, se refirió a él de la siguiente manera: “reconocido cantautor de nuestra música vernacular y Personalidad Meritoria de la Cultura 2012”. Así también, el fanpage de la organización gubernamental Bicentenario Perú 2021, lo señaló como artista del pueblo. Estos medios de comunicación del Estado cumplieron así, su labor de educar e informar de modo neutral y programático.

Por otro lado, Exitosa Noticias, en su versión digital, señaló al recientemente fenecido como intérprete; el medio televisivo América TV se refirió también del mismo modo: intérprete. Como vemos, por unos medios se le consignó como artista, y por otros como intérprete. Esto pasaría desapercibido si no fuera porque los medios de comunicación poseen una función pedagógica en tanto que poseen un acercamiento a los miles de consumidores de estos medios informativos, y estos espectadores se rigen bajo lo aprendido en estas plataformas de conocimiento.

En este sentido, el medio de comunicación América TV, en sus distintos programas de prensa, consigna como artistas a los ejecutantes de actividades que se acercan a lo lúdico y deportivo; los llamados guerreros. ¿Eusebio “Chato” Grados y Nicola Porcella son artistas en el mismo grado, y aportan de igual manera a la cultura de nuestro país mediante una producción simbólica e identitaria social o representativa de un yo lírico?

¿Es artístico hacer una torre de vasos sobre una mesa o fingir rivalidades entre concursantes, así como fingir relaciones amorosas con sus compañeras de escena, estando todo dictado por la producción? ¿Es comparable eso a obtener la distinción de Personalidad Meritoria de la Cultura o cantar una muliza en el Festival Urpicha en el Teatro Municipal en 1987 con el tema Una patria sin pobres, canción que inicia poéticamente y contiene una carga sentimental y social tan profunda? ¿Se compara acaso al tema propio difundido internacionalmente que en la letra compuesta por el Chato Grados canta al amor idílico bucólico y celebra la difusión del huaylarsh desde tierras huancas hasta Lima?

Sería ingenuo suponer que en un canal donde la presentadora de noticias Sol Carreño, quien cuestiona los derechos laborales como “sobreprotección laboral”, no tenga como indicadores programáticos un sesgo ideológico clasista, el cual es dictado por los que dirigen el canal ofertando productos culturales o programas televisivos de consumo masivo los cuales representan intereses de clase, así como la ideología de sus jefes.

En este sentido, considero que en el espacio de legitimación de clase que constituye el medio de comunicación intencionalmente se retira el status de artista con el objetivo de distorsionar el sentido de esta palabra, a la vez que legitimar en el campo artístico a quienes se hallan dentro de sus intereses tanto como de clase y mercado. Así, entonces, se legitima a su producto cultural denominado Esto es guerra, como un espacio televisivo artístico, tanto como se rechaza con el mismo rótulo a quién sí le corresponde, debido a que no es representativo de su clase.

Vemos, pues, que este uso del lenguaje educa el gusto del televidente, así como segmenta socialmente mediante el despojo del status cultural. Se le comunica al consumidor de música vernacular que lo que él consume no es arte, que los suyos no son artistas, de modo que algunos espectadores no son parte de la cultura, sino pues son encasillados en una subcultura. De este modo se legitima el poder y prestigio cultural de una clase sobre otra. Esta configuración de otredad se entiende dentro de una estructura de poder en la que gran parte de los consumidores de este medio de comunicación es marginado por su gusto estético tanto como por su cultura.

Esta suerte de apartheid pedagógico es, reitero, intencional. Basta recordar cómo se usan los términos poblador y morador al referirse a habitantes de cono o de otros departamentos que no sean Lima, y llaman vecinos y propietarios a quienes viven en Miraflores o San Isidro; tema ya estudiado y evidenciado por antropólogos sanmarquinos. La división y marginación por clase no es una quimera, es fáctica. Recordemos el muro de la vergüenza que divide La Molina de Pamplona, las declaraciones clasistas de Emilia Drago sobre el heladero que vio por su ventana y el rechazo a la urgencia de realizar un contrato a las trabajadoras del hogar por Rosa María Palacios. Hay un Yo y un Nosotros que se presenta en los medios de comunicación que representa los intereses económicos de un grupo de poder, y los presentadores de noticias como sus empleados deben seguir las pautas impuestas por sus jefes.

Estas pautas nos señalan el desprecio, el rechazo, la nula consideración a los derechos laborales y culturales y la afrenta a la dignidad de quienes consideran inferiores y diferentes al punto de consignarlos en una subcultura. Esta marginación sistematizada se halla articulada para mantener el poder de la clase dominante, quitándole a la clase dominada tanto social, política, laboral como culturalmente la posibilidad de visibilizarse como ciudadanos en igualdad de derechos con el objetivo de mantener el status quo de privilegio.


Escrito por

TVRobles

Comunidad de estudiantes voluntarios de la UNMSM Y UNI que se dedican a la difusión del Arte y la Cultura en su amplia diversidad.


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Cultura para todos.