Por: Carmen Andrea Zavaleta Laredo.
Arquitecta, docente universitaria, fotógrafa y pianista, Silvia Borja Lozano es una artista peruana cuya práctica integra distintas disciplinas que dialogan entre sí. Su formación arquitectónica aporta estructura y sentido espacial a su trabajo visual, mientras que su faceta musical fortalece una sensibilidad artística que atraviesa su proceso creativo.
Apasionada por la fotografía en blanco y negro, explora la luz, el contraste y la composición como medios para generar experiencias visuales esenciales. Su obra ha sido presentada en diversas muestras colectivas y académicas, así como en publicaciones artísticas digitales, consolidando una propuesta donde imagen, música y forma convergen para invitar a nuevas maneras de observar.
- Para comenzar, nos gustaría conocer el origen de tu camino artístico. ¿Cómo empezaste con la fotografía?
Empecé casi como un juego. Entré al mundo de la fotografía de manera espontánea y con el tiempo desarrollé una verdadera fascinación. En mi familia solían decirme que dejara de tomar fotos porque me perdía observando ángulos, luces y escenas. Ese carácter lúdico sigue presente hasta hoy y fotografiar continúa siendo para mí un ejercicio instintivo de exploración.
Más adelante, mi formación en arquitectura complementó naturalmente este interés. Sin darme cuenta, empecé a aplicar nociones de composición, equilibrio, perspectiva y ritmo en mis imágenes. En la universidad solía registrar eventos y momentos cotidianos de la facultad. Participé en talleres, concursos y salidas fotográficas por Lima e Ica. Un punto decisivo fue un taller en el congreso CONEA en Huancayo en 2012, donde conocí al profesor Jorge Sihuay Maraví. Allí comprendí de manera estructurada el manejo de la luz y la composición, formalizando aquello que hasta entonces había explorado de forma intuitiva.

cortesía: silvia borja.
Antes de tener una cámara profesional fotografiaba con lo que tuviera a mano, incluso con el celular. Durante mis largos trayectos entre Carabayllo y La Molina observaba la ciudad, las personas, la arquitectura y los paisajes urbanos en transformación. Lima se convirtió en mi laboratorio visual. Más adelante estudié fotografía en el MALI con Rómulo Luján y en el Club de Fotografía del Perú con Cecilia Palma. El resto del aprendizaje ha sido autodidacta.
Con el tiempo descubrí una afinidad especial con la fotografía en blanco y negro. Me interesa la escala de grises, el contraste y la luz como recursos para generar emoción desde lo esencial. He desarrollado exposiciones basadas en esta técnica, donde busco que cada imagen dialogue con el espectador.
- Tu proceso creativo oscila entre lo intuitivo y lo planificado. ¿Sueles fotografiar con una idea previa o capturas lo espontáneo?
Hasta ahora mi proceso ha sido principalmente experimental. Muchas series nacieron al revisar mis archivos y descubrir que ciertas imágenes conversaban entre sí. Así ocurrió con la exposición Contrastes Vitales, donde identifiqué un interés recurrente por las formas de habitar la ciudad.
Al recorrer distintas zonas de Lima, especialmente laderas urbanas y territorios periféricos, fui registrando transformaciones del espacio y nuevas maneras de ocupación. Con el tiempo estas fotografías encontraron un hilo común. Hoy me interesa desarrollar proyectos más estructurados sin perder la intuición que dio origen a mi práctica. Para mí, la fotografía adquiere sentido cuando puede compartirse y generar reflexión colectiva.
- En tu obra se percibe una constante reflexión sobre territorio e identidad. ¿De dónde surge este interés?
Durante mis estudios de maestría en Regeneración Urbana en la UNI profundicé en conceptos de identidad, territorio y apropiación del espacio. Empecé a preguntarme qué significa un lugar para quienes lo habitan y cómo un mismo espacio puede tener distintos sentidos según la mirada que lo observe.
Comprendí que cada territorio posee memoria y que esa memoria constituye un valor único. La noción de genius loci, entendida como el ADN de un lugar, ha influido directamente en mi mirada fotográfica. Mi interés es visibilizar espacios urbanos que suelen permanecer fuera del discurso arquitectónico tradicional y llevar estas imágenes a galerías, centros culturales y universidades, donde puedan generar nuevas preguntas sobre la ciudad que habitamos.
- Durante mucho tiempo no colocaste títulos a tus fotografías. ¿A qué respondía esa decisión?
- Opté por no titular mis imágenes para permitir que cada espectador construyera su propia interpretación. Con el tiempo entendí la importancia del título como parte del registro y la contextualización de la obra. Hoy he empezado a nombrar mis fotografías, buscando un equilibrio entre orientar la lectura sin limitarla.
- ¿Qué desafíos has enfrentado en tu trayectoria?
Uno de los momentos más difíciles fue el robo de mi cámara. Sentí una gran pérdida, pero decidí volver a lo esencial y fotografiar con el celular. Muchas de mis imágenes actuales están hechas así. Esto reafirmó mi convicción de que no es la cámara sino la mirada entrenada la que construye la fotografía.
Otro desafío ha sido acceder a los territorios que registro. Son espacios complejos, pero siempre me acerco desde el respeto y la escucha. Un curso de antropología visual me enseñó que al fotografiar no solo registro lugares, sino también vidas e historias. Mi aporte es visibilizar estas realidades en espacios donde usualmente no aparecen.
Desde hace un año y medio también me desempeño como docente en arquitectura, lo que me ha permitido compartir estas reflexiones con nuevas generaciones.
- ¿Qué mensaje te gustaría dejar a quienes se acercan a tu obra o están empezando su propio camino creativo?
No debemos perder la práctica de observar. Detenerse y mirar con atención nos conecta con el presente y nos permite comprender nuestro entorno antes de transformarlo. Hoy todos tenemos una herramienta poderosa en la mano, el celular. Con una mirada entrenada se puede hacer mucho.
También es importante compartir lo que hacemos y generar comunidad. No vernos como competencia, sino como miradas que se complementan. Si una sola persona al ver mi trabajo se cuestiona su forma de mirar la ciudad, entonces la obra ya cumplió su propósito.
- Además de la fotografía y la arquitectura, la música ocupa un lugar importante en tu vida. ¿Cómo se integra en tu proceso creativo?
El piano ha estado presente en mi vida desde los ocho años. Comencé de manera autodidacta, explorando sonidos y melodías por intuición, y con el tiempo esta práctica se convirtió en un espacio personal de experimentación y constancia. Durante la pandemia retomé el piano con mayor disciplina, fortalecí mi técnica y amplié mi repertorio. Actualmente formo parte de la orquesta sinfónica de la UNI, experiencia que me ha permitido comprender la música como un ejercicio colectivo de escucha y sincronía.

cortesía: silvia borja.
Mi faceta musical influye profundamente en mi sensibilidad artística. Tocar el piano me ha enseñado a percibir ritmos, silencios, intensidades y contrastes que luego reconozco en la composición fotográfica y en la forma de estructurar el espacio arquitectónico. Arquitectura, fotografía y música no son caminos separados para mí, sino dimensiones que se entrelazan y se potencian, construyendo una manera particular de observar, sentir y crear.
- ¿Tienes composiciones propias?
- Tengo algunas, aunque aún no las he publicado. A veces surge una melodía espontánea al sentarme al piano, pero no siempre la registro. Estoy empezando a organizar ese archivo, entendiendo que cada proceso creativo también necesita estructura.
- Tu proceso creativo parece guiado por la experimentación y la escucha interior. ¿Qué importancia tiene para ti ese chispazo creativo?
- Creo que sobrepensar puede convertirse en un obstáculo. Cuando aparece el impulso de querer crear algo, hay que tomarlo. No siempre estamos motivados, por eso valoro esos instantes espontáneos donde nace el deseo. Ese chispazo es único y corresponde a un momento que no se repite. Atenderlo fortalece la autoestima, la identidad y la conexión con uno mismo. También practico meditación y ejercicios simples de respiración. Detenerse aunque sea por un minuto ayuda a ordenar la mente y a conectarse con el presente. Considero que atenderse a uno mismo es fundamental para cualquier proceso creativo.
- Muchas gracias por la entrevista, Silvia.
- ¡Gracias a ti!