La luz suspendida de Noguerol
Acerca de la exposición “Not Dark Yet” del artista Ignacio Noguerol.
“En su navegación de vida y contemplación del Oeste, desde el feeling y su historia, Ignacio Noguerol (Lima, 1992) establece una plástica de lo inmensurable del ser humano —el ser artista— y lo insondable del territorio.”
Por: Carmen Andrea Zavaleta Laredo.
La galería Ginsberg + Tzu presenta la exposición “Not Dark Yet” del artista plástico Ignacio Noguerol, muestra que gira en torno a una exploración profunda y expandida del paisaje, entendido como una construcción compleja donde confluyen experiencia, memoria y cultura.

cortesía: galería Ginsberg + Tzu.
La exhibición se articula a partir de dos ejes conceptuales principales: el horizonte natural y el horizonte cultural. El primero remite a la observación del entorno físico, a la vastedad, la luz y las atmósferas propias del paisaje costero, donde el horizonte funciona como límite visual y simbólico, cargado de contemplación y silencio. El segundo, en cambio, introduce la huella de la intervención humana, como la historia, la arquitectura, los signos culturales y las marcas del tiempo que alteran y resignifican ese espacio natural.
La obra de Noguerol nace de una experiencia personal marcada por vivir entre dos tiempos: el mundo analógico y el digital. Su forma de mirar y producir imágenes está atravesada por internet, las redes sociales y el consumo constante de imágenes, pero también por la memoria, los recuerdos y las experiencias íntimas que no pueden reducirse a lo inmediato. Sus pinturas no hablan del colapso ni del cierre definitivo, sino de un estado de pausa, de contemplación y de lucidez frente a la experiencia contemporánea.
El artista toma referencias visuales y culturales que van desde la década de 1990 hasta la actualidad, y las transforma en un lenguaje propio. Todo esto aparece filtrado por una sensibilidad melancólica, entendida como una conciencia del paso del tiempo y de la fragilidad de los momentos vividos. Esa “necesidad de inmortalizar el instante” como menciona Bernedo, responde al deseo de detener aquello que, en la lógica acelerada del consumo digital, tiende a desaparecer de inmediato. Es decir, los medios digitales, se convierten en herramientas para capturar y fijar el instante, no solo en términos de luz o composición visual, sino como una forma de resistirse a la fugacidad del presente.

cortesía: galería Ginsberg + Tzu.
El título de la muestra puede interpretarse como una clave conceptual y emocional para comprender el sentido de la obra. Not Dark Yet, canción de Bob Dylan, alude a un estado intermedio, pues no es la oscuridad absoluta, pero tampoco la plenitud de la luz. Es un momento de conciencia del desgaste, del paso del tiempo y de cierta melancolía, sin llegar aún al final.
En la obra de Ignacio Noguerol se sitúa en ese umbral emocional y temporal. Sus pinturas no hablan del colapso ni del cierre definitivo, sino de un estado de pausa, de contemplación y de lucidez frente a la experiencia contemporánea. Hay cansancio, memoria y nostalgia, pero también permanencia y resistencia.
La luz aparece siempre en un estado de transición, situada entre la claridad y la oscuridad. Ese punto intermedio genera una sensación de pausa y expectativa, como si el espectador se encontrara ante un instante suspendido. Allí, lo cotidiano —un paisaje marino, un destello nocturno, un brillo fugaz— se transforma en una experiencia intensa, capaz de producir asombro.
Desde esta perspectiva, la pintura propone una idea contemporánea de lo sublime. Se trata de revelaciones pequeñas y humanas, donde el esfuerzo constante, el trabajo, la contemplación silenciosa, o un momento inesperado adquiere un valor casi espiritual.
En este tránsito hacia lo cultural, la obra también incorpora luces colectivas y efímeras, como las del fervor deportivo o los fuegos artificiales. Estas iluminaciones celebran el presente, pero al mismo tiempo evidencian su fragilidad: brillan sabiendo que pronto desaparecerán. La cercanía de la oscuridad no se plantea como algo negativo, sino como parte natural del ciclo de la experiencia. La luz no vence a la oscuridad, pero dialoga con ella, generando espacios íntimos donde la emoción, la memoria y la contemplación se vuelven centrales.

cortesía: galería Ginsberg + Tzu.
Cabe señalar que la exposición estará abierta al público hasta el 7 de marzo en la galería Ginsberg + Tzu, ubicada en Av. Santa Cruz 1068, Miraflores. El horario de atención es de lunes a sábado, de 11:00 a.m. a 7:00 p.m. El ingreso es libre.