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La mirada que retorna

Muestra “Hugo Salazar Chuquimango. El eterno retorno” se presenta hasta el 28 de junio.

“Su proyecto avanza a contracorriente a la noción prevalente (y el consenso tácito) de que el arte figurativo narrativo con ribetes fantástico-alucinatorios debe haber dejado convenientemente al margen”.

Jorge Villacorta, crítico del arte.

Publicado: 2026-04-27

Por: Carmen Andrea Zavaleta Laredo.

El ICPNA Lima Centro presenta la exposición Hugo Salazar Chuquimango. El eterno retorno, bajo la curaduría de José Villacorta. En ella se exhiben más de veinte obras, algunas previamente presentadas y otras inéditas. La propuesta del artista se basa en concebir la pintura como un espacio de revelación progresiva y de experiencia perceptiva.

A contracorriente de las tendencias contemporáneas, Salazar plantea obras que no se agotan en una primera mirada, sino que invitan al espectador a descubrir imágenes ocultas mediante una observación reiterada, en diálogo con la idea nietzscheana del eterno retorno (explica en mayor detalle eso de la idea nietzscheana).

Retomando y reinterpretando el método crítico-paranoico del surrealismo, el artista construye composiciones en las que lo visible y lo invisible se entrelazan, generando una oscilación temporal en la percepción. La pintura de Salazar materializa esta interrogante planteada por Nietzsche —la posibilidad de vivir la misma vida una y otra vez— trasladándola al ámbito visual, es decir que cada encuentro con la obra supone un nuevo “retorno”, donde lo visible se rearticula y lo invisible emerge.

Esta dinámica se intensifica mediante la reinterpretación del método crítico-paranoico del surrealismo, a través del cual las formas latentes aparecen progresivamente en la superficie pictórica. Una vez reveladas, estas imágenes alteran la percepción del espectador, generando una oscilación temporal que lo obliga a ver nuevamente, a reconocer en la repetición no una reiteración idéntica, sino una transformación constante de sentido.

En este marco, la pintura funciona como un proceso de revelación de lo invisible. Según Villacorta (2026), es similar a la alquimia entendida como transformación espiritual (opus nigrum). Las imágenes parecen emerger desde una lógica interna, como si respondieran a un “destino” que se manifiesta progresivamente en la obra.

Esta propuesta se refuerza mediante el diálogo que el artista establece con la tradición pictórica occidental, particularmente a través de referencias como el Descendimiento de la Cruz de Rogier van der Weyden. Salazar reconfigura estas imágenes en clave contemporánea, introduciendo elementos oníricos y autobiográficos que desestabilizan su sentido original. Lo clásico es desplazado hacia un terreno anticlásico, donde lo sagrado y lo profano coexisten en tensión, y donde la figura del artista aparece expuesta entre el narcisismo y la vulnerabilidad.

De este modo, la pintura se afirma como un espacio donde la percepción, la memoria y la experiencia se entrelazan, dando lugar a una reflexión más amplia sobre la condición del sujeto en la contemporaneidad.

Cabe señalar que la exposición estará abierta al público hasta el 28 de junio en el Espacio Juan Pardo Heeren, ubicado en el Jirón Cuzco 446, Centro Histórico de Lima. Puede visitarse de martes a sábado, de 10:00 a.m. a 7:00 p.m. El ingreso es libre.


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